
La velocidad a la que un conductor puede llegar a ser sancionado en carretera no depende solo del límite marcado en la vía, sino del tipo de dispositivo que registre el paso del vehículo.
En la red vial española, la Dirección General de Tráfico (DGT) emplea radares fijos, móviles y de tramo que no aplican el mismo criterio sancionador, ya que la normativa de metrología legal obliga a aplicar un margen de error homologado sobre la lectura del cinemómetro antes de confirmar la infracción.
En la práctica, estas diferencias significan que los radares fijos aplican un margen de tolerancia de 5 km/h para límites inferiores a 100 km/h o del 5% cuando se supera dicha velocidad —reducido al 3% en los equipos fijos de última generación—.
Los radares móviles, al ser portátiles y presentar una mayor incertidumbre de medición, cuentan con el margen más amplio, de 7 km/h o un 7%. Por su parte, los dispositivos de tramo ajustan la horquilla entre los 3 km/h y el 3%, al medir la velocidad media entre dos puntos kilométricos y no de forma instantánea.
Esta disparidad técnica condiciona directamente el resultado de los controles masivos de velocidad como la última campaña llevada a cabo por la DGT en el mes de agosto. Durante dicho periodo, los agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil desplegaron 3.466 puntos de control y verificaron la velocidad de 1.037.333 vehículos, saldándose con 69.231 conductores denunciados, un 6,7% del total. Esta tasa de infracción supone un incremento de medio punto respecto a los datos registrados en la campaña previa del mes de abril.
FUENTE: Web de ABC






